"Errarum humanum est", así como también escribir es profundamente humano, en la historia de la literatura universal muchos han sido los autores que cometieron "errores de pluma" en sus relatos. Ni siquiera los escritores más destacados han escapado a esta constante. Por ejemplo:
Miguel de Cervantes, en El ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, cuenta cómo Sancho Panza vende su burro. Sin ningún tipo de explicación, poco después está montado en el mismo animal. En otro pasaje, el escudero pierde el abrigo que tenía comida en sus bolsillos, pero más tarde la comida todavía está en su poder. Incluso, en un momento, el yelmo de Don Quijote es despedazado, para aparecer luego sobre su cabeza en perfecto estado.
O Arthur Conan Doyle, en el relato Un estudio en escarlata. El doctor Watson -asistente del detective Sherlock Holmes- cuenta que en la guerra lo hirieron en un hombro. Sin embargo, en El signo de los cuatro, dice que esa herida se la hicieron en la pierna.
Por último podemos citar el caso de Daniel Defoe. En Robinson Crusoe, el protagonista nada desnudo hasta un barco hundido, donde encuentra unas galletas y decide metérselas en los bolsillos.
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